jueves, 13 de noviembre de 2014

Buscadora de tesoros

 Para Leydi
—Abuela, ¿qué haces abriendo un hueco?
—Ven acá. Te voy a contar, pero no puedes decírselo a nadie: en este lugar me encontré, enterrada, una lima* de tres caras. Esas limas se usaron en Cuba en la época de los españoles. Y como esta apareció en posición vertical yo creo que indicaba algo más. ¡Aquí hay un tesoro enterrado! En mi patio…
—Pero, Abuela…
—Estoy segura. Yo sé que la gente señalaba tesoros así. Y voy a encontrarlo.
—Bueno, te ayudo…
Abuela y yo cavamos hasta el cansancio. Cada vez que aparecía alguien en el patio de la casa, la vieja, provista de pico y pala, encontraba la excusa ideal para evitar las sospechas inoportunas. «Porque la gente es mala, y se ríe», decía ella.
Cavamos. Mi hermano, más fuerte que nosotros, se sumó al grupo. Alcanzamos un metro de profundidad sin encontrar nada. Llegamos a dos metros y solo aparecieron restos de una antigua vasija de barro. Mi abuela, desencantada, concluyó:
—Evidentemente alguien llegó antes que nosotros. Y, cualquiera que haya sido, dejó esta lima para despistar en el futuro. Pero aquí hubo un tesoro, en mi patio. Me pude haber hecho rica…




*Lima: Instrumento metálico, con la superficie finamente estriada en uno o en dos sentidos, para desgastar y alisar los metales y otras materias duras.



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