sábado, 3 de agosto de 2013

La mujer-pez

...me estoy volviendo un pez de forma indestructible,
me estoy quedando a solas con mi alma.
Testamento del pez, de Gastón Baquero

—Entra. Te he esperado todo el día, me dijo la mujer-pez. Mira, puse flores nuevas en la mesa.
Yo traspuse la puerta impresionado; la imagen de la mujer-pez renovaba mis recuerdos infantiles del miedo. No parece la misma de antes: tantos años le cambiaron la fisonomía irregular; o tal vez, nada más extraviaron mi memoria.
—Me acuerdo de ti. Cuando eras un niño yo iba a tu casa y te escondías. Has crecido mucho. Ahora yo estoy más vieja, más fea. ¿Todavía me tienes miedo?
—No, claro que no —casi tartamudee. ¿Cómo…? Te conozco desde que era un niño; me eres familiar…
—Haz memoria: yo asusté a todos los vendedores ambulantes que pasaban por esta calle; corrían pidiendo auxilio. Los niños lloraban de miedo (la verdad es que tú eras de los más valientes). Nadie quería visitar esta casa, ni los trabajadores de Salud Pública.
***
— ¿Ya no sales?
— No, ahora estoy ciega. Antes me ponía una peluca, me pintaba y me iba a los guateques. A la gente le gusta mi voz, le gustaba, por lo menos. De noche nadie me podía detallar la cara.
Las preguntas del cuestionario que le impuse la provocaron. Evocó el deseo, la posibilidad, cómo habría sido… cómo sería…
—Soy analfabeta, nunca tuve un maestro. Pero si hubiera estudiado hoy sería abogada. Dice mi mamá que yo tengo leyes, que nadie podría ganarme un juicio…
***
La mujer-pez nació hace 50 años en Guaracabuya. En su infancia, los niños la comparaban con las caricaturas horrendas de los libros de terror. Parecía, parece, un ser fantástico de existencia imposible, como si los genes del humano y del pez se hubieran entrecruzado de manera insólita, determinados por la voluntad astral. Le fueron concedidos el cuerpo, el sexo y la voz de la mujer; y los dientes y las escamas del pez.

La maledicencia culpó a su madre: dicen que la joven negra y criada, en un intento desesperado para detener el ascenso de su prole, bebió petróleo. Dicen que las curanderas le recomendaron las hierbas infalibles para el aborto. Y a pesar de todo, la hija-pez, la niña-pez, la mujer-pez, nació inevitable.

Otros más culpan a la sífilis. En su historial de servidumbre Consuelo Vila, la madre humana de la mujer-pez, también sació el deseo de sus patrones y contrajo la enfermedad que la consumió por varios años.

La niña-pez, la inconcebible, nació bajo la mirada de los curiosos y los repugnados. La niña pez jamás entró a las aulas. La niña-pez no aprendió a leer ni a escribir. Ningún maestro ambulante le enseñó. La niña-pez creció alejada de los niños-humanos, sin juegos, sin amigos. La niña-pez provocaba pesadillas. 

La mujer-pez no conoce las certezas de su propia vida. ¿Qué designios le negaron las aguas? ¿Qué fatalidad la condenó a la tierra? Acaso los seres indefinidos nunca se realizan. Las criaturas inciertas son apartadas de todos los grupos: como los emigrantes de la tierra, que ya no pertenecen a ninguna parte, los seres indeterminados están en el camino a medias de su naturaleza.

Un día, la mujer-pez morirá sin haber sido amada jamás. Ella se enamoró de los hombres que la rechazaron. A menudo se maquilló para nadie. Siempre provocó el miedo, la pena, el asco. De ella, cuando más, se dirá: nació, vivió, murió. Después no tendremos recuerdos.

Sabemos que llegó a la tierra por equivocación. En su casa olvidada de Guaracabuya vive desligada de los hombres, huérfana a los 50 años, con tres hermanos locos, con vientre infértil, con sueños no cumplidos. La mujer-pez merecía el agua que le fue negada, el paraíso acuoso que desconocemos los humanos sin otra posibilidad que la tierra.
***
Milagros Guerra Vila padece ictiosis, una enfermedad genética que provoca que la piel se vuelva seca y escamosa, como la de un pez. Precisamente, el nombre del padecimiento proviene de la palabra griega ichthy, que significa pez.

La conversación que inicia este post la sostuvimos durante el Censo de Población y Viviendas 2012, cuando llegué a su casa como supervisor encargado de censarla. En ese momento vivía con su madre, que falleció poco después. Ahora la rodean varios hermanos desequilibrados y alcohólicos. Milagrito ha envejecido al interior de cuatro paredes. No sale de día, porque el sol agudiza los síntomas de la ictiosis; ni de noche, porque está ciega.  


Imagen: Mujer con pez, de René Rodríguez Soriano.

7 comentarios:

  1. Cuanta maldad provocada por la ignorancia. Gracias por la publicación.

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  2. Sin palabras, dijo mi profesor de historia Raul Lombana que el hombre lo que no entiende lo destruye, y mira como muchos destruyeron la vida de una mujer que pudo tener otras oportunidades, amen de su padecimiento. Excelente post Carlos

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  3. Richard, gracias por seguir mi blog.

    Luis Orlando, gracias también a ti por leerme. Te debo visitas a tu blog.
    Hoy mismo pregunté por la mujer-pez a su vecina más cercana. Hace mucho que nadie la ve. Milagros vive entre cuatro paredes, sin salir nunca.
    Nos vemos...

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  4. Carlos: Ya sé que llego tarde a tus Epicentros, como siempre, pero no voy a perder el tiempo en explicarte el tema conexión porque de eso ambos sabemos demasiado.
    Solo decirte que, como ya es habitual, conmueves con tus historias, que si no fuera porque las sacas a relucir en tu blog, se perderían sin que nadie las pudiera conocer.
    Historias como las de esta mujer pez convierten a nuestros poblados en sitios pintorescos, sui-géneris...
    Abrazos desde la Isla nuestra de cada día.

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    1. Muchas gracias por llegarte a mis Epicentros, Carlos Luis. No importa la demora, si llegas siempre. Lo único que he querido con estas historias de personajes reales es que esos seres "comunes" de Guaracabuya no pasen desapercibidos. Por lo menos siento que hago el intento mínimo cuando escribo.
      Debo visitas a tu Isla nuestra de cada día. Un abrazo...

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  5. Te seguire definitivamente cada dia para leer tus historias, esta, la primera que leo me ha fascinado, ya conocia la enfermedad, pero no a nadie que la padezca. Por estas mismas personas con estas enfermedades de la piel es que ODIO tanto las peliculas de Zombies, que ahora se han puesto tanto de moda, como si eso fuera gracioso.

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    1. Anónimo, gracias por tu amabilidad. Espero complacerte con otras historias en el futuro. Nos encontramos...

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